Crónicas de un “Paseo”: de lo épico a lo resiliente

Acabo de regresar de un viaje… épico. Si. No hay palabras para expresar lo que siento.
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Fui a Sur África y a Zimbabue a limpiar mi alma. Dejé que el aire y el sol de las planicies áridas y pulsantes me oxigenaran y limpiaran. Que mis pensamientos cesaran en el silencio de las noches estrelladas. Que me pudiera mimetizar con los árboles y con su especial resiliencia, la cual se desarrolla aún mas cuando las condiciones son más adversas. Dejé que los animales legendarios se acercaran. Y si, se acercaron. Tanto así, que más de una vez quedé sin aire y en desconcierto de mi propia fragilidad ante su poder y majestuosidad.
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Fui a compartir la lentitud del tiempo, y a disfrutar cada momento al lado de mis hijos. Forjamos una comunicación nueva. Acepté que ya no son niños. Me había costado soltar la noción y mi definición antigua como madre. Tuve que reinventar mi forma de nutrir, de amar y de estar presente. Llenarme de orgullo con los personas adultas en las cuales se están convirtiendo. Celebrar las diferencias y sus pasos distintos a los míos, su independencia. Abrazar y dar cariño y amor cuando se necesita, sin que este se vuelva demandante. Gozar, reír y disfrutar las aventuras de la vida juntos.

Fui a cultivar también mi “mirada de paseo”, como lo dijo un co expedicionario y amigo mío hace ya varios años, cuando estábamos en otra aventura: la de subir al campamento base del Everest. Desde ese viaje, trato de cultivar esta forma de ver, entendiendo que la mirada “de paseo” es la del contacto constante a la gratitud hacia la vida, de recibir las cosas lindas que siempre están ahí si sabemos buscarlas, de irrigar mi creatividad con ideas frescas y nuevas formas de ver y de entender. De cultivar el placer y el disfrute en cada cosa. De nutrir mi flexibilidad ante los cambios inevitables que siempre llegan.
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En África vi cómo los niños y niñas de Soweto que fueron marginalizados durante tantos años y prohibidos de recibir acceso a lugares y a inclusión, son los niños y niñas con las más hermosas y amplias sonrisas que he visto. Su alegría es contagiosa. Montamos en bicicleta por el barrio de Soweto, recorrimos los pasos de Nelson Mandela y de Desmond Tutu y aprendimos un poco más sobre su lucha por derrumbar barreras de prejuicio y exclusión social.  

En Africa vi mujeres emprendedoras. Mujeres que tejen, que diseñan increíbles vestidos. Que usan sus talentos y creatividad para crear belleza, y así aportar a sus familias y a su comunidad.

En Africa vi los árboles más increíbles. Se forjan desde una tierra árida y arenosa, como danzantes petrificados. Se enmarañan en las formas más increíbles, como reflejo de la fortaleza que tuvieron que desarrollar. Se les nota el esfuerzo en los troncos arrugados y torcidos, y terminan creando unas estructuras tan hermosas. Estos arboles me ponen a pensar en sus raíces. 

¿Sabías que las raíces de los arboles son por lo menos de la misma extensión que lo que se ve del árbol, del suelo hacia arriba? Cada vez que veo un gran árbol, entiendo y trato de ver sus raíces subterráneas. Y entiendo que, sin buenas raíces, un árbol no florece ni se para, ni crece tanto como los ve uno crecer. Las raíces de los arboles me hacen reflexionar sobre nosotros. ¿Cómo cuidamos de nuestras raíces? ¿Cómo nos nutrimos en condiciones adversas, para poder salir fortalecidos y no debilitados de cada reto que nos trae la vida?

¿Cómo entendemos que para poder materializar y manifestar un sueño, debemos sembrar buenas semillas, y luego nutrir las raíces con buena agua, un entorno sano y un aire sano, y continuamente nutrirnos para poder sostener el sueño que deseamos manifestar?

Ya volví. Recargada, con mis raíces nutridas y fortalecidas, para seguir al servicio de la creación de nuevos proyectos y de poder acompañar procesos de empoderamiento y de liderazgo. Seguir ofreciendo los programas de mentoría y liderazgo de Despertando a tu Musa ® y del programa Online Mandala de la Musa. Abrir el fondo de emprendimiento de Musas Invest, desarrollar emprendimientos conscientes y sostenibles con lideres innovador@s. Seguir apoyando el arte y la transformación social por medio de Fundación Casa LET. Seguir nutriendo raíces y troncos de las semillas sembradas. 

Un abrazo fuerte,

Alejandra

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