El ABC de la transformación. Capítulo 3

El ABC de la transformación. Capítulo 3.
“El No Saber que Sabes”
Y va pasando el tiempo, y te das cuenta que emprendiste un camino del alma, y del corazón. Un camino hacia el amor incondicional. Acá es cuando empiezas a entender cómo es vivir desde el corazón. Y hay veces que quisieras regresar, pero ya no puedes.
Les cuento una historia…
Julio 2015

“Este es un camino totalmente incierto, sin ninguna garantía. Sin ninguna certeza. Con la soledad, el dolor y el amor brotando por cada poro, con la cara roja de la culpa y la vergüenza, porque amé demasiado, me tropecé y deambulé torpemente.
Caminé en círculos, sin llegar a ningún lado, con los ojos vendados y sin encontrar mi verdadero centro. Busqué a mi corazón tanto y con tanta hambre que con mi mano rasguñé la piel de mi pecho y lentamente esta armadura se fue abriendo, con dolor y sangre, con cada rasguño más profundo fui labrando un camino, abrí mi piel y mi pecho, metí mi mano, saque mi corazón y lo levanté al frente mío.
Y me dejé guiar por eso que llamamos corazón pero que son las emociones y el alma. Las emociones caprichosas y cambiantes, el alma esencial y duradera, el centro y la paz. Por qué están tan cerca una de la otra no lo sé, estos dos aspectos tan duales, tan distintos…

 

Pero este camino es todo menos paz. Este camino está lleno de letreros falsos que te indican una salida, y que luego llegan a un claro en la mitad del bosque donde tu única opción es devolverte por donde venias y, con la mirada baja y triste, volver a retomar. Y además es un camino donde sabes que ya no puedes regresar. Porque una vez tu corazón lo sacas así del pecho, en esta búsqueda insaciable, este ya no te cabe donde estaba antes. Y tu única opción es llevarlo así, ridículamente y ostentosamente al frente tuyo, por donde vayas.
Así, desprovista de mi usual armadura, vulnerable como un gusano totalmente blando color rosado albino que nace sin ojos y sin nada duro que lo proteja. Así salí. Y así camino. Como un gusano, siento absolutamente todo. Siento un dolor desgarrador, siento el detener del tiempo porque cuando estás así tan vulnerable todo se siente mil veces más y más lento que en la vida normal.

 

 

A veces hay días tan desesperanzadores que tengo unas ganas enormes de cavar un hueco y meterme allí dentro, y volver a lo conocido, a la certeza del ego, a todas los castillos de naipes que durante años construí con fría lógica y extrema precisión, al control de mis emociones y circunstancias, al control de todo y de todos, pero más importante aún al rígido control de mi misma. Y así volver a un corazón chiquito pero hermético. Oculto, seguro. Donde todo parece perfecto visto desde afuera.

 

Pero ya no puedo volver, ya no puedo volver a mi lugar seguro, estoy acá como un gusano sintiendo el aire que me roza la piel, y sufriendo cada ondulación del camino, cada soledad más profunda que la anterior, cada paso en falso más profundo y costoso…que ironía que caminar el camino del corazón te lleve a dudar de tu mismo corazón de una forma tal que sientas a veces la imperiosa necesidad de cubrirlo, de no dejarlo sentir tanto, de cerrarse para poder tener la fuerza y el coraje de continuar.”
Si sientes esto, ya empiezas a ver ese camino de la transformación es el del amor propio, y le cuesta al corazón abrirse, le cuesta al ego soltar sus viejas formas de pensar y de actuar.
Pero empiezas, casi sin darte cuenta, a:

Ya aún no Sabes todo lo que sabes. Pero ya Sabes.
Alejandra.

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