Nutriendo tu abundancia…

Es diciembre del año 2013; y estoy sentada en el escritorio de la oficina de la Jefe de Asuntos Internacionales del Ministerio de Ambiente:
si; esa soy yo.
Tengo puesto un sastre azul oscuro, y tengo mi pelo largo recogido en un moño apretado. Soy la imagen misma de la disciplina, la eficiencia, y el logro, de un camino largo de esfuerzo y sacrificio.

Y entra una asesora de mi equipo, con una hermosa orquídea violeta en una matera de cerámica, me mira con una sonrisa envuelta en desdén, porque las mujeres en ese entorno no teníamos otra forma de mirarnos, y me dice:

Jefe, Feliz Navidad. Te regalo esta orquídea, pero estoy segura que se te va a morir.”

Yo la miro con sorpresa y recibo la orquídea, recordándome porqué estoy en este cargo:

Porque amo la naturaleza, porque desde hace años siento el latir de la tierra bajo mis pies y las palabras que me susurra el viento, porque siento la herida de este planeta y la necesidad de sanarlo, y porque pienso que esta es la única manera de amar y de dar.
Y le digo, “gracias, pero no sé por qué me dices que se me va a morir.”

Y ella me mira con un tono de burla y dice, “he visto que las plantas que has traído acá se han muerto todas! Tú no sabes cuidar de tus plantas!” y con una risa se voltea y se va.

Y cuando llego a mi apartamento esa noche, miro a mi alrededor y veo mi escuálidas plantas que ya había sembrado varias veces, y que no habían prosperado, especialmente unos cartuchos, bellas flores blancas que siempre me han intrigado por su belleza, y que no habían crecido en mi jardín a pesar de varios intentos.
Y un mes después, inspiré la gran y casi macabra satisfacción de mi colega de la oficina, de ver que mi orquídea había muerto.
Y esa orquídea muerta se volvió el símbolo mismo de la aridez que sentía en mi vida. Y seis meses después, viví en dramática sucesión la ruptura de mi matrimonio de 17 años, mi renuncia a mi esplendoroso cargo, y un tumor detectado en un chequeo de rutina.
No tuve opción sino parar. No tuve opción sino renunciar, soltar, poco a poco todo lo que antes me definía. Mi cargo, mis títulos, la estabilidad y seguridad de mi matrimonio. Y entré profundo. Me fui de-construyendo poco a poco, me fui quemando como un gran árbol que se quema lentamente en un incendio.

Hasta que llegué a mis pies. No sabía qué iba a pasar, solamente sabía que debía entrar en mi propio silencio, en mi propia oscuridad para volver a re-conocerme. Y comencé por ver mis raíces. Por reconocerme dentro de mi sistema y mi familia, y honrar mi propio lugar en este Universo. Y fui abonando la tierra, poco a poco empecé a ver brotes de vida. Y lentamente, fui creciendo nuevamente como crece una planta. Nutrí la salvia de mi tronco. Nutrí mis huesos y mi conexión con la Vida.

Muy lentamente, fui emergiendo a la vida exterior. Comenzó a emerger mi voz propia. Comencé a manifestar la vida que venía soñando y atrayendo, una vida coherente con mi esencia y mi espíritu. Una vida creativa y auténtica.

Aprendí que al sanar mi energía femenina, empecé sin esfuerzo a manifestar la abundancia que tanto había anhelado.
Y hoy, en mi casa nueva que huele a hogar, tengo un jardín abundante y mágico.
¡En serio!! Ni siquiera tengo que echarle abono, solo agua de vez en cuando.
Pasé de ser la ambientalista que no podía cuidar de sus propias plantas, a la mujer libre que manifiesta sin esfuerzo un abundante jardín y entorno, donde anidan dos pajaritos negros, varias mariposas y, de vez en cuando, una libélula azul.
Un par de meses después de la muerte de mi padre, empezaron a brotar cartuchos blancos en una matera que tengo afuera en mi antejardín. Llegaron espontáneamente un día, sin ninguna necesidad de que yo los sembrara o hiciera algo para que crecieran.
Una vez enciendes tu vela, todo a tu alrededor cambia. No tienes que hacer nada, solo escucharte y amarte. Y así podrás liderar tu vida desde tu autenticidad y tener el impacto que desees, ya sea en tu hogar o en el campo que elijas.
Eres libre de crear lo que desees. Tienes más poder del que imaginas.
y tu…
Te deseo un jardín abundante.

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