Un Río de Libélulas

Estoy en la playa mirando el mar. A lado y lado hay profundidad, la playa es ancha y enorme, y hacia este y oeste hay verde, ríos, quebradas y acantilados. La playa es virgen y natural. Solo suenan las olas y la brisa. Estoy acompañada de mujeres cercanas.
De repente, miramos y en el aire se comienzan a ver cientos de libélulas volando hacia nosotras y pasándonos de este a oeste. Pequeñas, azules, cada una parece una hada. Quedamos pasmadas con mis amigas. ¿Cómo puede ser?, ¿De dónde vienen?, ¿A dónde van?, ¿Por qué tantas?.
Pasan varios minutos y sigue pasando esta procesión. Libélulas azules. Cada una única, casi milagrosamente batiéndose contra la brisa, y con un propósito seguro, con un destino inexplicable y misterioso, y a la vez, todas juntas volando hacia el mismo lugar, en comunidad, cada una parte de un sistema cuyo propósito solo podemos adivinar.

 

Decido caminar hacia la dirección de su origen, para averiguar de donde vienen. Camino en contra de la corriente del río azul de libélulas. Ellas me pasan por encima, a cada lado, esquivándome pero sin detener su rumbo. Camino atónita, sin poder creer lo que está pasando. La magia, el milagro de lo que está pasando en ese instante me desborda.
El tiempo se detiene. Es como si esas libélulas fueran una pausa eterna en el implacable recorrer del tiempo. Y yo eternamente ahí caminando en esa arena, en contra de su corriente.
Después de varios minutos, llego a un lugar muy sagrado para mí, donde medito y me conecto con la montaña. Las libélulas siguen su vuelo. Decido entrar a meditar en mi lugar que llamo mi círculo sagrado. Giro a la derecha y me adentro en ese lugar que mira a esa montaña llamada Chundwa de la Sierra Nevada.

 

En el momento en que giro, y camino hacia esa dirección, me doy cuenta de algo aún  más mágico. Las libélulas han cambiado de dirección conmigo. Ya no vuelan en sentido paralelo al mar. Ahora vuelan detrás de mí y me siguen y me pasan y entran hacia la dirección de la montaña. Quedo pasmada. Detengo mis pasos. Miro hacia atrás y veo que ya no hay libélulas yendo hacia el oeste. Todas vienen en mi dirección, y me pasan y continúan hacia la montaña.
Viejas leyendas cuentan que las libélulas fueron algún día dragones, y tenían gran poder y sabiduría, contenían en sí todo el poder de la creación,  y regaban fuego por la tierra. Un día el Dragón se dejó embaucar por un coyote que les hizo un truco, retándolo a convertirse en libélula para mostrarle al coyote su poder. Y así lo hizo, y así se quedó.
Hoy en día las libélulas son guardianas del mundo de los sueños y las visiones. Comunican con los elementales de la naturaleza. Son la esencia de los vientos de cambio, y traen mensajes de sabiduría e iluminación.
Cuando te conectas con la naturaleza, y aprendes a escuchar sus mensajes, recibirás muchos regalos.

Para poder desarrollar esta conversación con los elementos de la Naturaleza, te recomiendo:

 

1.Pasa tiempo caminando y sencillamente estando en la naturaleza. Un santuario, o parque, que esté alejado de la ciudad y donde realmente te puedas “perder” en ella (o mas bien, encontrarte a ti misma).

 

2. Abraza un árbol, siéntate en el pasto, tócalo con tus manos, siente cómo el viento acaricia tu mejilla….son prácticas tan sencillas que a veces olvidamos, y tan sensuales a la vez que nos despiertan a los lenguajes que usa la naturaleza para conectarse con nosotras.

 

3. Aprende a mirar atentamente, busca una piedra y mírala, una hoja que se atraviesa en tu camino, una pluma que te llega como un regalo. Cada elemento es sagrado y mágico, y está ahí para tus ojos. Créelo, míralo, es perfecto.

 

4. Aprende a desarrollar una conversación con la naturaleza. Hay mujeres que se sienten más conectadas con los árboles, otras con las nubes, otras con las aves…encuentra cuales son tus elementos favoritos, y salúdalos, míralos, conversa con ellos
Es posible que te sientas un poco “loca”, créeme, lo estás un poquito de acuerdo con las reglas del juego existentes que nos dicen que la naturaleza es un ente allá afuera para ser explotado por los hombres. Al verla con ojos reverentes y mágicos, justamente estás reclamando tu poder femenino de conectar con la Madre Tierra.
Este es un poder tuyo. Recíbelo. Hónralo. Reclámalo.

 

Te cambiará la vida.

 

Alejandra Torres.

 

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