El sueño que me convirtió en Custodia de la Tierra

Era 1996, y estaba en un Parque Nacional en Argentina. Llevaba meses acampando y caminando con un morral al hombro entre bosques milenarios. Llevaba meses sintiendo y comulgando con la naturaleza. Aprendiendo a escuchar desde un lugar más profundo, sus susurros y mensajes. Aprendiendo a sentirme interconectada, de una sola mente, con la naturaleza.

Esa noche, dormí sola en mi carpa, luego de pasar todo el día sola al lado de un río, mientras mis compañeros de viaje hacían una caminata. En mi sueño, estaba con mi familia y todos tenían tarjetas de crédito con planes de millas. Me decían emocionados que entre más compraban, más millas les darían, y más podrían viajar. Yo los miraba desconcertada, en silencio sin poderles decir nada, pero adentro de mí tenía una certeza: la Tierra no aguantaría tanto consumismo. ¿Cómo haría para hacerles entender que eso era peligroso?

Me desperté en la mitad de la noche en mi carpa, con el sueño vívido en mi mente, y me quedé despierta un buen rato, sintiendo el latir de la tierra. Fue así que supe, mucho antes de que existieran estas tarjetas y planes de millas que hoy en día son tan comunes, que vendrían momentos de insostenibilidad entre nosotros, los seres humanos, y nuestra tierra. Y me llegó como un flash la certeza de que mi propósito en esta vida es velar por la Tierra y ayudar a cuidarla, así como a sus lugares más naturales y sagrados. A ser Custodia de la Tierra.

Ese sueño, y más aún ese viaje de nueve meses, me cambiaron la vida. Después de esa experiencia, me salí de mi prestigioso trabajo en el sector financiero, me fui a estudiar temas ambientales y sociales en Berkeley, y cuando volví a Colombia comencé a formular y a liderar proyectos ambientales y sociales. Primero con mi empresa de familia Contempo, que se convirtió en una empresa certificada B, luego con el Banco Mundial, el Ministerio de Ambiente y una ONG llamada The Nature Conservancy. Paralelamente, co-fundé dos redes empresariales para apoyar la transformación del sector de la construcción hacia la sostenibilidad, y para apoyar las mejores prácticas en las empresas de familia.

Llevo 30 años formulando y liderando proyectos ambientales y empresas centradas en valores.

Cuando creé Academia Musas® en 2017, lo hice con la convicción de que la gran insostenibilidad en la cual vivimos no solo se soluciona con grandes proyectos, sino que tiene que ser desde una revolución de la consciencia. Es transformando y conectando con nuestro ser y nuestra fuerza creativa, que vamos a transformar nuestro modelo económico. Es activando nuestro pensar complejo y sistémico, colaborativo, que vamos a poder traer las innovaciones sociales que requerimos. Es potenciando nuestra creatividad que vamos a poder gestar lo nuevo. Es también construyendo y colaborando para manifestar los nuevos proyectos y empresas que se necesitan más que nunca. Y es convirtiéndonos en puentes conectores que convocan, agrupan y escalan a un nuevo nivel nunca antes logrado.

A todos los que han estado trabajando en temas ambientales y sociales y llevan años luchando por un mundo mejor, solo para verlo caer por las autocracias y el recrudecimiento del conflicto y la polarización, les digo: este es el momento para seguir luchando y sembrando más fuerte y más decididamente que nunca. ¿Por qué, si no, nos serviría crear riqueza si vivimos en desiertos o sitiados por el mar?

Mi propósito de ser Custodia de la Tierra sigue más firme que nunca, incluso sale renovado y conectándose aún más con la esencia de esa joven de hace 30 años que se despertó esa noche con una fuerte e ineludible certeza en su interior. Porque así como conservar la naturaleza y pensar de manera regenerativa requiere inversión, proyectos y esquemas innovadores, necesitamos con la misma importancia y urgencia conectar con nuestro ser y liderar coherente y auténticamente esta gran transformación. Y necesitamos acompañarnos y crear en comunidad, porque solos y aislados es como nos prefieren los que están tomando las decisiones.

Con el corazón en la mano les digo: únanse, sean parte de esta fuerza creativa, de un colectivo con mentes que piensan y manos que aman construir. De un movimiento para sembrar lo nuevo con inspiración, creatividad y celebración. Con abundancia, impacto y escalamiento.

Un abrazo,
Aleja Torres Dromgold

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