Cuando veo el mundo tambalear y caerse, recuerdo cuando estaba escribiendo mi libro en la mitad de la pandemia, y ahí escribí que vendrían momentos de insostenibilidad en el planeta, que nuestros modelos económicos y empresariales estaban mandados a recoger. Que vivimos en un mundo lineal, unidimensional, jerárquico y competitivo, en un planeta que es un ecosistema vivo e integrado, y que el liderazgo regenerativo es la solución: holístico, cíclico, sistémico, colaborativo, compasivo y multidimensional.
Hoy, más que nunca, esto se palpa verdadero.
Agregaría a esa reflexión que es nuestra relación con nuestro ser y nuestra espiritualidad, con sentirnos conectados a algo mayor, sentirnos parte de la Tierra y la naturaleza, la que nos da ese \»polo a tierra\» que necesitamos más que nunca. Cultivemos nuestra paz interna, sintamos nuestro silencio brotar entre nuestras raíces, sintamos en nuestro interior el hogar que hemos venido buscando incansablemente allá afuera, en nuestras conquistas, logros y hazañas heroicas.
Convirtámonos en nuestro propio hogar. Llenémonos de ese amor, de esa calma, sosiego, tranquilidad y suficiencia. La no violencia y la paz comienzan en cada uno de nosotros. Y en cómo tratamos a nuestros seres más cercanos y amados.
También este camino se trata de cómo tratamos a las personas que tienen menos, las que están sufriendo. Porque la vida es muy corta para estar en nuestros castillos herméticos y cerrados al mundo exterior. Podremos ser muy espirituales y muy abundantes y muy exitosos, pero no podemos tampoco encerrarnos en el lujo de tener un espacio hermético, para seleccionar solamente las situaciones, personas y conversaciones que nos gustan, y hacer oídos sordos a todo lo demás.
El mundo de hoy —o sea todos nosotros— está tolerando el genocidio, la guerra por expansión, la tiranía dictatorial y los liderazgos distorsionados, violentos y misóginos que amenazan con arrasar con lo poco que se ha logrado durante años en términos de igualdad, equidad de género, derechos humanos y ambientales.
Esta situación me recuerda a dos libros que leí en el colegio y recién salida de la universidad: 1984, de George Orwell, y Brave New World, de Aldous Huxley. Ambos narran mundos donde sobreviven los gobiernos espías, los regímenes totalitarios, y la crisis del individualismo, la pérdida del amor y la supervivencia extrema. Estamos viviendo en esa apocalipsis que tanto narraron los escritores, artistas y futuristas.
En 2010 escribí una canción llamada Brave New World, para estos momentos, donde hablo de la crisis de la mente, la cual no puede sentir nada, y cómo se siente vivir en esa fragmentación continua, en ese ruido interno que nos amenaza y nos separa. En ese grito de desesperanza interno cuando no podemos conectar con nuestro corazón.
BRAVE NEW WORLD
Information overload / My head\’s about to explode / We\’re living in a Brave New World / So different from when I was a girl / Regarding this, regarding that / There\’s too much noise to know where it\’s at / Everything demands my attention / And then goes off in different directions.
Everything around me makes it difficult to hear / My heart is crying out to be heard, to be seen / Everything around me makes it difficult to love / My mind is dominating and is focused on control.
Information overload / Information in control.
This Brave New World is flooding me / Exploding everything I see / I\’m living in a fragmentation / That kills my power of imagination / Serenity has long gone bye / And peace has left me mystified / I mutely watch as everything freezes / And all I\’m left with is broken pieces.
¿Cómo volvemos a nosotros mismos en medio de esta tormenta? La compasión es nuestra medicina.
Algo que he hecho es entregarme. A aceptar lo que es, sin juicios ni expectativas. No es fácil, lo sé, cuando la tentación permanente es conectarte con la noticia, con el drama, con la ansiedad y con el miedo. Pero siento que es un acto muy sano y de rebelión profunda no dejarte llevar por ese mundo nuevo y valiente que nos deshumaniza. La apatía es la peor de las soluciones.
En un mundo llevado por esa saturación de información, la cual nos controla y nos fragmenta, ¿cómo nos volvemos más humanos, cómo traemos más de lo que nos hace únicos como especie? Nuestro amor y nuestra compasión son la medicina.
Seamos ese cambio que queremos ver en el mundo. Soltemos esa carga de sostenerlo todo, y fluyamos con la nueva realidad. Más presentes y más conectados con nuestro interior que nunca. Y seamos conscientes de lo que estamos sembrando, intencionales con cada minuto, con cada hora, con cada día.
Pensemos en el legado que deseamos dejar en el mundo: un legado de amor y no de miedo. De regeneración y abundancia, y no de escasez. De suavidad y facilidad, y no de lucha y esfuerzo. De posibilidades expansivas, y no posibilidades lineales. De entender que siempre estamos en un espiral evolutivo, y que el mundo no es lineal, es cíclico y sistémico.
Entendámonos más conectados con todo y con todos. Sintámonos parte de un todo. Así, sintiendo esa conexión, podremos sentir nuestra resiliencia y la fuerza que mueve montañas.
Con mucha presencia,
Aleja Torres Dromgold




