Es un momento muy mágico. Vuelvo brevemente a casa después de una aventura en todo sentido. Como parte del equipo de liderazgo de Sistema B Colombia, fui invitada al encuentro +B Amazonía 2025 y al encuentro de equipos de todo Sistema B Latinoamérica posterior a la gran conferencia, en Belém do Pará, Brasil.
Es mi tercer encuentro con este maravilloso equipo: en 2023 fue en Monterrey, México; en 2024 en Asunción y luego Iguazú; y este año, en la majestuosa desembocadura del río Amazonas, antes de la COP de cambio climático que se llevaría a cabo en esa misma ciudad.
Es difícil describir todo lo que acontece tanto afuera, en el día a día, como adentro, en mi ser y en mi corazón. Pero cada encuentro con esta comunidad de Sistema B Latinoamérica, de más de 100 personas, restablece en mí la alegría, la fe y la esperanza en la raza humana.
Desde conferencias llamadas \»fishbowls\», donde la gente se organiza en círculos concéntricos alrededor de quienes comparten de manera vulnerable y auténtica; pasando por escuchar a los cofundadores de BLab compartir tanta sabiduría personal y reflexiones sobre el cuidado durante el doloroso duelo de su gran amigo y también cofundador de este movimiento, Andrew Kassoy; hasta una meditación de presencia antes de una reunión entre presidentes de nuestros directorios. También recuerdo una sesión escuchando a los cofundadores de Sistema B —María Emilia Correa, Pedro Tarak, Gonzalo Muñoz y J. Larenas— trayendo palabra, misión e inspiración, siendo verdaderos custodios de este movimiento, con tanta generosidad y humildad.
Cada reunión se vuelve presencia. Cada colaboración se vuelve una mágica co-creación. ¡Y a esta gente también le encanta celebrar, jugar, aventurar, y bailar! Entonces realmente estoy en mi salsa. Me siento en casa; encontré a mi tribu de visionarios soñadores, rebeldes con causa, sin dejar de ser empresarios exitosos que combinan su esencia y su propósito con su impacto, alcanzando un éxito que incluye y rebasa lo monetario.
Hoy el movimiento de las empresas B enfrenta dos retos y oportunidades importantes. Por un lado, la nueva certificación de empresas requiere mucha más verificación del impacto, cadenas productivas sostenibles, y niveles mínimos de impacto en siete áreas críticas que incluyen la equidad de género y los derechos humanos. Y segundo, se está integrando globalmente este movimiento de organizaciones bastante autónomas en 43 países, para crear una sola organización. En este proceso formé parte de un comité de integración.
Y es aquí donde surge la magia de este movimiento. Este es un proceso bastante complejo e incierto, y puedo compararlo con experiencias similares trabajando en diversas organizaciones ambientales internacionales y en el gobierno. Y les puedo decir que este tipo de procesos usualmente se maneja de una manera muy vertical y excluyente, a puerta cerrada, lo cual termina amenazando a casi cualquier organización y seguramente minando a su equipo y su sostenibilidad.
Pero acá el proceso se ha manejado de manera impecable y cuidadosa, con un consultor y facilitador (empresa B) llamado Sense Lab. Y en nuestros dos días de reuniones logramos un nuevo nivel de alineamiento y compromiso con el proceso que ni siquiera nosotros, dentro del comité de integración, nos hubiéramos imaginado. Vimos resiliencia, generosidad, amor por la causa, innovación y creatividad, todos elementos indispensables en cualquier equipo de alto rendimiento. Y también pude comprobar que poner el propósito al centro de las empresas y las organizaciones sí es rentable, y crea mejores resultados y empresas mejor preparadas para navegar procesos de transformación como los que estamos viviendo todos hoy en día.
Vuelvo de Belém con satisfacción, un poco de aromas dulces de las hierbas y del açaí de la Amazonía, y agua del río en mi corazón.
Un abrazo,
Aleja Torres Dromgold




