Hay testimonios que llegan con la suavidad de una verdad que por fin puede nombrarse. Así es la historia de Nancy Rodríguez, una mujer cuya presencia silenciosa sostiene, ordena y acompaña tantos procesos dentro de Musas, y que, en Custodios de la Tierra, abrió un espacio para sostenerse también a ella misma.
Además de su rol fundamental en nuestro equipo, Nancy es la cocreadora de Cangrejo Rodríguez Asesores, una empresa construida con el mismo rigor, cuidado y ética que ella refleja en cada cosa que toca. Pero, como ella misma comparte, había partes internas que pedían una pausa, una escucha más profunda, un regreso a sí.
En sus palabras: \»Custodios me ayudó a reconocer cosas de mí que no había querido mirar.\» Y desde ese reconocimiento, algo comenzó a transformarse.
Para Nancy, Custodios no fue una experiencia de \»hacer más\». Fue un viaje de sentir. Un territorio donde pudo bajar el ritmo interno y darle espacio a emociones, memorias y comprensiones que habían estado esperando una puerta abierta.
A través de las prácticas y el acompañamiento, Nancy comenzó a relacionarse consigo misma de otra manera: más compasiva, más presente, más libre de cargas que no le pertenecían.
Ese movimiento interno no solo la tocó a ella. También empezó a reflejarse en cómo se relaciona con su empresa, con sus decisiones, con su forma de cuidar a quienes confían en su trabajo. Custodios no cambió su mundo desde afuera. Lo cambió desde adentro, desde ese territorio íntimo donde nacen las decisiones que realmente transforman una vida.
Una de las frases más hermosas que compartió fue: \»Me siento más ligera, como si hubiera soltado cosas que ya no eran mías.\» Esa ligereza le abrió un nuevo modo de habitarse. Un modo más enraizado, más sereno, más conectado con su verdad.
Hoy, Nancy acompaña tanto en Musas como en Cangrejo Rodríguez Asesores desde un lugar distinto: más consciente, más amable con ella misma, más alineada con lo que realmente quiere cuidar.
Su historia nos recuerda que no necesitamos llegar al límite para transformarnos. A veces basta con detenernos unos instantes, respirar, y atrevernos a mirar lo que pide atención desde hace tiempo.
Con gratitud y un amor que germina con suavidad,
Aleja Torres Dromgold




