¿Qué pasaría si incluyéramos al Planeta como stakeholder?

Nada de esto tiene sentido si no pensamos en el largo plazo. Y aquí nos hemos enfrentado una y otra vez con el mismo aparente dilema: si nos cuesta más y debemos esforzarnos más en el corto plazo, ¿vale la pena hacerlo mejor, más sostenible, con mejor calidad y, por ende, mayores costos? ¿Cómo trasladamos esos costos a nuestro mercado? Muchas discusiones de junta se han centrado en este dilema, muchas veces paralizando la decisión antes de que el producto salga a pintura.

El tema es que sí tenemos el caso de éxito para estas decisiones: todo depende desde qué perspectiva mirar.

En nuestro caso, enfocarnos en el largo plazo y permitirnos planear más allá de 2 o 3 años, estar en la operación inmobiliaria y no solamente en la construcción, y pensar a nivel generacional como empresa de familia, nos quitaron este dilema y nos permitió proyectar cada \»costo\» como inversión recuperable. Y en los últimos 15 años hemos tenido TIRes de proyectos de 27% en el caso de Oxo 94 y 28% en el caso de Waya Guajira, por poder proyectar en el largo plazo.

Yo sé que muchos no tienen un modelo de negocio tan a largo plazo. Sin embargo, les preguntaría: ¿qué pasa si incluimos al Planeta como uno de nuestros stakeholders, como hizo la empresa Patagonia? ¿Qué decisiones tomaríamos?

O, si no queremos ir tan lejos, podemos incluir a la generación de nuestros hijos como stakeholders, porque a la larga lo son, estén en la empresa o no. Ellos están recibiendo todo lo que les dejemos. Absolutamente todo: lo bueno, lo malo y lo feo. ¿Qué decisiones tomaríamos si tuviéramos a nuestros hijos en nuestra junta?

Si somos pacientes, vamos a darnos el lujo de crear de manera regenerativa, con los mejores productos para nuestros clientes, innovando para la mejora continua y siendo eficientes en el uso de materiales. Y vamos a disolver el aparente dilema del caso de negocio, creando empresas que perduran en el tiempo. Créanme: llevo 20 años custodiando una empresa que además se basa en el legado de un arquitecto que fundó su empresa en 1968.

Esos son legados que vale la pena sostener y nutrir.

Un abrazo,
Aleja Torres Dromgold

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