Quiero contarte que hace poco cerramos un ciclo que marcó un antes y un después en nuestra historia: la primera cohorte de Custodios de la Tierra culminó su viaje.
Seis meses de transformación, de volver a recordar que liderar también es cuidar: de la Tierra, de los otros y de nosotros mismos. Custodios de la Tierra es un programa que nació con el objetivo de acompañar a líderes, emprendedores y agentes de cambio en el camino de reconectar con su esencia, regenerar su forma de liderar y dar vida a proyectos que honran la vida.
El cierre de esta primera cohorte fue una celebración, un ritual y una siembra. Durante dos días en el hermoso Hotel La Palma y El Tucán, un lugar que cultiva conciencia y propósito, vivimos experiencias profundas que abrieron cuerpo, mente y espíritu.
En el taller de movimiento con María Paula Anzola, honramos el cuerpo como territorio sagrado, recordando que toda creación comienza en la presencia. Con Menno Lammers, a través del LEGO Serious Play, exploramos nuevas formas de pensamiento: cada ficha fue una metáfora, una construcción del alma, una invitación a mirar nuestros proyectos desde otros ángulos y sentidos. En el círculo de cacao, nos miramos a los ojos y respondimos, con honestidad y ternura: ¿cómo me siento realmente? Y en el Fireside Chat con Pravin Rodrigues, escuchamos una historia de resiliencia, migración y propósito que nos recordó que siempre podemos volver a crear, desde donde estemos.
El segundo día comenzó con una experiencia profundamente sensorial y transformadora: el Tour de Café Regenerativo en La Palma y El Tucán. No se trató solo de catar café, sino de sumergirnos en el alma de este proyecto que honra la vida en cada paso de su proceso. Caminamos entre cafetales orgánicos, respirando el aire húmedo del bosque de niebla, mientras conocíamos las prácticas regenerativas que dan vida a cada planta. Descubrimos cómo el suelo se cuida, cómo el agua se protege y cómo la comunidad se involucra en un sistema que florece porque cada parte nutre a la otra.
El equipo de La Palma y El Tucán nos compartió con pasión cómo su finca cafetera impulsa el desarrollo local y el crecimiento personal de su gente, transformando el trabajo agrícola en un acto de educación y dignidad. La jornada culminó en una degustación guiada, donde aprendimos a reconocer los matices, aromas y texturas de cafés especiales. Cada sorbo fue una meditación, un diálogo silencioso con la Tierra. Comprendimos que producir café aquí es una manera de regenerar el entorno, de despertar conciencia y de rendir homenaje a la vida misma.
Finalizando la jornada, cada alumno compartió su presentación de persuasión con propósito, donde cada proyecto floreció desde la claridad, la presencia y el alma.
Nada de esto habría sido posible sin la entrega de quienes reconocieron el llamado de su alma en este programa y el acompañamiento generoso de nuestros mentores y mentoras, que hicieron de esta experiencia un tejido de sabiduría, propósito y servicio.
Y aunque este ciclo llegó a su cierre, es la apertura de una nueva siembra: la que ya comienza a gestarse para las próximas cohortes. Porque cuando nos reunimos a crear desde la conciencia, lo que nace no es un programa: es un movimiento. Un movimiento de líderes, empresas y almas que recuerdan que regenerar es una forma de amar.
Con profunda gratitud, por estar aquí y leerme,
Aleja Torres Dromgold




