¿Cómo comienzas este año de Expansión?
¡¡Si eres nueva, bienvenida!! Feliz de recibirte y conectar contigo. Y, si ya llevas tiempo con nosotras, ¡te mando un saludo con tanta gratitud y felicidad en este año que apenas comienza! ¡Que sea un año lleno de expansión, posibilidades, empoderamiento e inspiración! Cuando cierra un ciclo y comienza otro, me gusta recoger mi historia, volverme a reescribir y compartir desde mi esencia. Y por si no conoces mi historia, te la comparto. ¡También te invito a que compartas la tuya! Porque en mis 51 años he tenido una vida apasionante, en transformación continua, y aventurera. 😊 ✨ Hija de un colombiano y una norteamericana, fui una niña tímida e introvertida. Mi mamá se exasperaba conmigo porque vivía soñando despierta, o con la nariz metida en un libro. Amaba soñar, visualizar, y bailar. Perderme en la música y en los libros, la pintura, los mundos sutiles de mi imaginación. ✨ Mi vida se ha tratado de aprender a encontrarme, de una búsqueda continua hacia mí misma, hacia mi esencia, mi propósito y quien soy. Dos culturas, dos mundos, me volví puente entre diversas maneras de ser y de pensar. ✨Mi superpoder se convirtió el soñar y visionar, el tener una mente creativa y despierta, el poder recorrer mundos tan disímiles como la escalada, la excelencia académica, los números y la música. ✨ Veo mi vida como un continuo aprendizaje, es lo que más me apasiona. Aprender, para enseñar. Mi vida me ha dado una forma diferente de ver el mundo. Una sensación de que todos estamos conectados a algo más grande, que somos parte de un tejido creado por todos. Y ahí, en ese tejido, cada ser es único. Todo es parte de una unidad, y al centro de todo está el amor. Solo hay que dejarnos ver, hablar con nuestros miedos, trascender nuestra manera de vernos limitados y tejer puentes con nuestro pasado y nuestro futuro. Entendernos y vernos suficientes. Estudié en Penn y Wharton, una de las mejores universidades para estudiar negocios y relaciones internacionales del mundo. Me gradué con honores de dos carreras a los 21 años. Desde ahí, trabajé 6 años en Wall Street en valoración de empresas: fui jefe a los 25 años. Me gané un premio internacional como mejor Analista para Colombia. También trabajé en un fondo de inversión donde viajaba por todo Latinoamérica valorando empresas. Vi empresas súper contaminantes, con cero consciencia ambiental ni social. Estuve en el centro de esa gran Torre de Babel, donde se toman las decisiones que mueven al mundo. Sabía que no era mi mundo, me sentía como mosca en leche. Este mundo era puro acero, números y frialdad. Pero fue el mundo que conocí y que luego quise transformar. Me enfermé. Algo en mí no estaba bien. Y tomé un tiempo para recuperarme. Me dije en ese momento, me rehúso quedarme en una silla de ruedas el resto de mi vida, que fue lo que me dijeron algunos médicos. Entonces empecé a escalar. Si, roca. Y de ahí hice una expedición que me cambió la vida. Expedición Suramérica 1995-1996, desde Bogotá hasta Patagonia. Acampando durante 9 meses en bosques, desiertos, planicies y montañas. Acá encontré lo que los números y el mundo hasta ese momento no me habían dado. Conexión, espiritualidad, un propósito. Mi cuerpo caminante. Noches de estrellas, el viento y el silencio majestuoso de la naturaleza. Un sentir de algo superior, de que todos estamos conectados. Ahí comencé a abrazar a los árboles y a ver el profundo significado de la naturaleza. Entonces tome otra decisión, de salirme de mi mundo de muchos logros y éxitos, pero poco propósito. Me fui a estudiar otra vez, esta vez en Berkeley, becada, en temas sociales y ambientales. Me casé y fui mamá mientras estudiaba y hacía mi tesis. Estudié sobre la violencia y desplazamiento forzado en Colombia. Y las profundas inequidades sociales y la discriminación que nacen de una intolerancia profunda por el color de nuestra piel, por distintas formas de ser y de pensar. Luego me fui a trabajar al Banco Mundial, en su grupo ambiental. Acá tuve acceso a toda la investigación sobre los temas de biodiversidad y el cambio climático. Escribí y formulé varios proyectos insignia ambientales. Me volví experta en esos temas. Esto me dio una base sólida para luego ejercer un cargo de liderazgo soñado: ser la directora del equipo del Ministerio de Ambiente que negociaba la cooperación internacional y los acuerdos mundiales para el clima, la biodiversidad, el mercurio… Era lo que amaba hacer. Tanto, que fui parte de la delegación que propuso los Objetivos de Desarrollo Sostenible a nivel mundial. ¡Mi amada Colombia brillando y proponiendo la nueva forma de medirnos como planeta! Pero nuevamente sentí que algo no estaba bien. Tenía la vida “perfecta”, pero yo no estaba plena ni feliz. Todo se comenzó a desmoronar. En esos meses de transformación, fue otro reseteo. Me salí de mi cargo prestigioso, terminé mi matrimonio después de 17 años, y tuve otro susto de salud que me confrontó con la vida misma. Fue un tiempo que me cuestionó y me retó profundamente, todo lo que hasta ese momento venia construyendo. Me di cuenta que más de lo mismo ya no era una opción para mí. Que tenía que escuchar mi llamado, soltar mi salvavidas y mi vida cómoda, y aventurarme mucho más profundo. Y ahí hice mi propio Camino de la Heroína, un proceso de transmutación personal que hoy es la base de uno de mis Masterminds más transformadores: Despertando a tu Musa ®. Un día me fui a caminar a la montaña alrededor de mi amada Bogotá, actividad que disfruto enormemente. Nuestras montañas son santuario, piedras y árboles ancestrales que nos cobijan y acompañan energéticamente. Y en una de esas subidas a mi monte preferido, sentí algo…algo que me dijo, hasta que no cambiemos las consciencias de las personas, no vamos a transformar la situación ambiental. Me di cuenta de que, por más proyectos y millones de dólares que ayudara
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